El papel esencial de la industria en el desarrollo sostenible de la economía y la tecnología

Vivimos en un mundo con recursos finitos y escasos. Es evidente. Por este motivo, es nuestro deber -el de todos, en conjunto- apostar por nuevas fórmulas para combatir el cambio climático que hoy ya es una realidad, con unos efectos perceptibles, y también buscar cómo preservar nuestro planeta y sus recursos de manera sostenible y eficiente.

Esta sostenibilidad no se contrapone al crecimiento económico y al desarrollo industrial, a la investigación ni a la innovación, sino que es un nuevo adjetivo que debemos incorporar intrínsecamente, radicalmente, en el desarrollo de nuestras acciones.

Por ello, la apuesta por la bioeconomía representa una gran oportunidad para nuestro planeta. Esta ciencia de la gestión sostenible genera valor añadido y nuevos puestos de trabajo de calidad, ayuda a reducir la dependencia de las importaciones y mejorar los recursos biológicos, así como contribuye significativamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Del mismo modo, debemos tener presente que las empresas del ámbito de la bioeconomía suponen un volumen de negocio de gran importancia para la economía europea, tanto por su peso económico como por los puestos de trabajo que proporciona. Lo que hoy bautizamos como bioeconomía es, de hecho, la economía del mañana.

En este sentido, necesitamos una tecnología que nos ayude a transformar de manera sostenible los recursos naturales renovables en productos, materiales y combustibles basados en la biología. Esto es la biotecnología. La Unión Europea tiene un importante potencial mundial en los ámbitos industrial, de investigación y de recursos renovables. Ahora se trata de profundizar en el trabajo conjunto y eficaz entre el sector público y el privado para ser capaces de desarrollar este gran potencial y mantenernos en la vanguardia del mundo.

Para ello, la Empresa Común de Industrias Biológicas (BBI) es una asociación público-privada europea que fue creada con el fin de proporcionar beneficios medioambientales y socioeconómicos a través de la colaboración público-privada efectiva. Sin embargo, los retos a los que se enfrenta el sector industrial, en este caso, son importantes y tenemos que trabajar, como ya estamos haciendo, para mejorar las condiciones y el acceso a la financiación.

La Unión Europea contribuye a esta asociación que apuesta por la bioindustria con un total de 975 millones de euros. En cambio, la contribución financiera de las entidades privadas, a finales de 2016, ascendía sólo a 0,75 millones de euros, de los 182,5 millones de euros totales que se habían comprometido por su parte. Para estas empresas, que se agrupan en el consorcio de empresas de la bioindustria llamado Bio-based Industries Consortium (BIC), les ha resultado inviable hacer esta contribución financiera, dado que, tal como está establecido actualmente, no les ofrece ningún tipo de beneficio garantizado a cambio.

Si se hubieran hecho efectivas las contribuciones que correspondían, estos fondos se podrían haber destinado a invertir en acciones de investigación e innovación, especialmente para PYMES y universidades, que son las entidades elegibles para este tipo de financiación. Por este motivo, tenemos que recriminar que, como no se cumple con las contribuciones establecidas, la financiación de las investigaciones se está viendo afectada y se está obstaculizando el avance de la bioeconomía y el progreso de la biotecnología en la UE.

Hasta ahora, la financiación iba dirigida a los programas de investigación en ámbitos de la bioindustria, que agrupaba un conjunto de proyectos relacionados entre sí. Las empresas no estaban dispuestas a hacer frente a esta dotación económica considerable para que los beneficios repercutían en el conjunto de los socios, tanto si habían contribuido o no. Es nuestra obligación fomentar y facilitar el papel de las PYMES, centros de investigación, universidades y otros actores en el desarrollo económico sostenible de la Unión. Por ello, la Comisión Europea ha propuesto poder hacer aportaciones financieras a un proyecto en concreto. Este cambio legislativo lo hemos trabajado en la Comisión de Industria del Parlamento Europeo y se ha aprobado en esta última sesión plenaria de la Eurocámara. Este hecho contribuirá a que impulsen y aumenten las aportaciones para proyectos, dado que las contribuciones económicas son menores y más asequibles, y las empresas verán repercutidas directamente sus contribuciones para innovación en este proyecto en concreto en el que han participado.

Sin embargo, a pesar de las evidentes bondades de la propuesta de la Comisión, esta modalidad comprende un interés general de la Unión. Consideramos que una modificación del Reglamento en estos términos debería comportar una consulta pública y abierta con todas las partes interesadas, sean o no sean miembros del BIC. Del mismo modo, a pesar de la comprensible prisa del gobierno europeo para aprobar la modificación del Reglamento del BBI y que ésta sólo plantee aspectos técnicos, debemos ser conscientes de la importancia de contar con un informe de evaluación de impacto detallado. En todo caso, para futuros procedimientos de características similares, hemos pedido a la Comisión Europea que proceda de manera más transparente y más abierta. De este modo, con la implicación de todos, las facilidades y aclaraciones de la legislación, y la apuesta clara por la industria y una tecnología sostenible, garantizaremos un crecimiento económico sostenible a la vez que preservamos nuestro planeta y sus recursos.